Casi todas las parejas que llegan a consulta describen algo parecido: "siempre acabamos discutiendo por lo mismo". Ya han hablado del tema mil veces, ya se han pedido perdón, ya lo han intentado solucionar, y aun así, la discusión vuelve a aparecer, casi con el mismo guion de siempre.

Cuando esto pasa, en terapia solemos dejar de mirar tanto el contenido de la discusión (de qué habláis) y empezamos a mirar su función (para qué sirve, qué papel cumple dentro de la relación).

El contenido no siempre es el problema real

Una discusión sobre "quién friega los platos" casi nunca es realmente sobre los platos. Puede estar hablando de si os sentís vistos, si el reparto de las tareas se siente justo, si hay agotamiento acumulado, o si a alguno de los dos le cuesta pedir ayuda directamente.

Por eso, discutir "mejor" sobre el contenido (con más calma, mejores palabras, más paciencia) a veces ayuda, pero no resuelve el problema de fondo si nunca se llega a hablar de la función que ese conflicto está cumpliendo.

Por qué se repite una y otra vez

Las discusiones que se repiten suelen mantenerse por lo mismo que mantiene cualquier otra conducta: porque cumplen una función, aunque no sea agradable.

  • Puede ser una forma (poco eficaz, pero la única que se conoce) de pedir atención o cercanía.
  • Puede ser una manera de descargar tensión acumulada de otras áreas de la vida.
  • Puede ser un intento de sentir que "se lucha por algo", aunque sea a través del conflicto.

Mientras esa función siga sin nombrarse, cambiar el contenido de la discusión (el tema concreto) sirve de poco: el patrón vuelve a aparecer, aunque cambie la excusa.

Qué se trabaja en terapia de pareja

  • Identificar el patrón, no solo el tema: qué pasa justo antes, durante y después de cada discusión.
  • Encontrar la función real que cumple el conflicto para cada uno de los dos.
  • Poner en palabras esa necesidad de fondo, en vez de actuarla a través de la discusión.
  • Construir, entre los dos, formas más directas de cubrir esa necesidad, sin tener que pasar por el conflicto para llegar a ella.

No siempre es un proceso rápido, porque estos patrones suelen llevar tiempo instalados. Pero entender la función del conflicto es, casi siempre, el primer paso real para dejar de repetirlo.